Antioquia

Sin dejar sus raíces: dos mujeres indígenas encuentran en el Ejército una forma de servir a Colombia

Pushaina y Domicó, dos jóvenes indígenas, comparten su experiencia al unirse al Ejército Nacional, dejando atrás sus comunidades y enfrentando nuevos desafíos.

Sin dejar sus raíces: dos mujeres indígenas encuentran en el Ejército una forma de servir a Colombia

En la vasta geografía de Colombia, dos jóvenes indígenas han tomado la decisión de servir a su país a través del Ejército Nacional. Pushaina, originaria de La Guajira, emprendió un viaje de 18 horas para llegar hasta la Cuarta Brigada, mientras que Domicó dejó atrás el resguardo indígena Las Playas, ubicado en Apartadó. Para ambas, el ingreso a esta institución militar ha representado un alejamiento significativo de sus comunidades, así como la necesidad de adaptarse a un estilo de vida completamente distinto al que conocían.

El viaje hacia lo desconocido

Pushaina, cuyo nombre completo es Adelaida Pusahina, ha encontrado en el uniforme militar una forma de contribuir a su familia, a pesar de la distancia. La joven reflexiona sobre el esfuerzo que ha hecho su madre para proveerle lo que necesita, desde la comida hasta su educación. En un emotivo relato, expresa:

“Porque yo sé cómo se ha esforzado mi mamá trabajando para darme la comida, todo el estudio, entonces yo dije voy y así ayudo a mi mamá, después de todo lo que ha hecho por mí entonces yo le mando a mi mamá, cuando me paguen, yo le mando”.
Esta declaración revela no solo su amor y gratitud hacia su madre, sino también su deseo de retribuir el sacrificio familiar.

La vida en La Guajira, donde permanecen sus padres y sus siete hermanos, es un constante recordatorio de lo que ha dejado atrás. La nostalgia por su hogar es palpable, y cada día siente la falta de sus seres queridos. Además, ha tenido que aprender español, abandonar temporalmente sus vestimentas tradicionales y modificar algunas de sus costumbres. A pesar de estos cambios, Pushaina mantiene viva la esperanza de que su comunidad reciba agua potable y sueña con estudiar enfermería, con el objetivo de ayudar a los niños guajiros. En sus propias palabras, expresa:

“Me gustaría porque cuando uno se enferma allá en la comunidad toca ir con urgencia, entonces si hay enfermeras en la comunidad obviamente va a apoyar a su familia”.

Un sueño compartido

Por otro lado, Domicó ha llegado al Ejército con un sueño diferente, pero igualmente motivador. Su aspiración es convertirse en guarda de seguridad, lo que le permitiría no solo ayudar a su familia, sino también construir un futuro más prometedor. En una conversación sincera, Domicó comparte su pasión:

“Fue mi sueño, o sea yo amaba la verdad desde niña amaba la verdad era como muy fantástico y el portar el uniforme así y pues también era mi sueño ir hasta aquí eso fue lo que me motivó para ir aquí mostrar lo valiente es que somos las mujeres, también no mostrar que somos tan débil”.
Estas palabras reflejan su deseo de demostrar la fortaleza de las mujeres en un entorno que a menudo puede ser desafiante.

A pesar de los sacrificios, Domicó ha enfrentado la dura realidad de la separación familiar, llevándola a estar seis meses sin ver a su madre. La distancia es un reto emocional, y debe esperar hasta el próximo año para volver a reunirse con ella. Su valentía se manifiesta en su reconocimiento de que, aunque la ausencia pesa, es fundamental seguir adelante.

“La verdad sí, me ha tocado duro la verdad y aceptar que estando aquí uno se extraña la mamá de uno, pero la verdad uno tiene que seguir adelante”.

Desafiando estereotipos

Las historias de Pushaina y Domicó no solo son relatos personales, sino también representaciones de un cambio significativo en la percepción y participación de las mujeres indígenas en el ámbito militar. Ambas jóvenes han dejado atrás tradiciones y costumbres que las acompañaron durante 19 años, y se han adaptado a la disciplina y exigencias del servicio militar. Su ingreso a la Cuarta Brigada marca un hito, ya que son las primeras mujeres indígenas en formar parte de esta unidad, un hecho que resalta su valentía y determinación.

La adaptación a un nuevo entorno ha requerido de ellas aprender un nuevo idioma y ajustarse a una vida regida por normas estrictas. Domicó, que habla emberá, y Pushaina, que se comunica en wayuunaiki, han encontrado en su diversidad cultural una fortaleza que las une. Cuando expresan en sus propias lenguas lo que significa estar en el Ejército, dejan en claro su amor por Colombia y su compromiso con la institución militar. La pasión con la que hablan de su servicio refleja la conexión profunda que sienten con su patria, a pesar de las adversidades que enfrentan.

Un camino por recorrer

El camino de Pushaina y Domicó es solo el inicio de una nueva etapa en sus vidas, donde la lucha por el reconocimiento y la inclusión de las mujeres indígenas en espacios tradicionalmente dominados por hombres continúa. Ambas jóvenes representan una nueva generación que desafía estereotipos, buscando abrir puertas para las futuras generaciones. Su historia es un testimonio de la fuerza y resiliencia de las mujeres indígenas en Colombia, quienes, a pesar de las dificultades, eligen servir a su país con orgullo y dignidad.

En un contexto donde el Ejército Nacional ha buscado diversificar sus filas, estas mujeres se destacan no solo por su valentía, sino también por su capacidad de adaptarse y superar los retos que se les presentan. Su experiencia es un reflejo de la riqueza cultural de Colombia y de la importancia de la inclusión en todos los ámbitos de la sociedad.

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Medellín HOY

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