Familia de policía secuestrado clama por su liberación en medio de la angustia
La familia Granada Ríos enfrenta un momento de desesperación tras el secuestro de Daniel Granada, un joven policía de 20 años, en Norte de Santander.
La familia Granada Ríos, originaria de la subregión del Urabá antioqueño, se encuentra atravesando uno de los momentos más difíciles de su vida. Esta situación se ha exacerbado tras el secuestro de Daniel Granada, un joven policía de tan solo 20 años, quien fue capturado en Norte de Santander. Este trágico acontecimiento ha sumido a sus seres queridos en una profunda angustia y desesperación.
Contexto del secuestro
De acuerdo con Abraham, el hermano del patrullero, Daniel había decidido pasar las festividades de fin de año en Planeta Rica, Córdoba, donde reside una parte significativa de su familia. Sin embargo, el regreso a su hogar se tornó en una pesadilla. Al regresar de sus vacaciones, Daniel fue secuestrado por miembros del Ejército de Liberación Nacional (ELN) en Norte de Santander, lo que ha dejado a su familia en un estado de incertidumbre y temor constante.
La angustia de la familia
“Eso es lo que no nos deja dormir por las noches, lo que nos quita el deseo de comer y las ganas de hacer las cosas bien. No sabemos qué va a pasar con él y Dios quiera que no tomen esa decisión tan frenética de quitarle la vida, porque no es necesario. No es un punto al que se deba llegar con tanta maldad realmente”, expresó Abraham, reflejando la profunda preocupación que embarga a toda la familia.
La angustia de la familia no solo proviene del secuestro en sí, sino también de la falta de información concreta sobre el estado de salud y las condiciones en las que se encuentra Daniel. A pesar de que han recibido acompañamiento psicológico y apoyo institucional por parte del Gaula, que ha mantenido comunicación constante y orientación frente al proceso, la incertidumbre sigue siendo un peso insoportable para ellos.
Apoyo institucional y necesidades urgentes
“Necesitamos una respuesta, necesitamos un apoyo de alguien que realmente diga: 'vamos a sacarlo, vamos a luchar por él'. Yo sé y espero que el Estado esté en posición de ayudar, pero lo que realmente deseamos es la libertad que él necesita y que él se ha ganado”, manifestó Abraham, en un llamado desesperado por la intervención de las autoridades competentes.
El apoyo psicológico que ha recibido la familia es vital, pero no sustituye la necesidad de tener a Daniel de vuelta en casa. La falta de información sobre su paradero y bienestar ha generado un clima de zozobra que se intensifica con cada día que pasa. La familia se siente atrapada en un limbo de incertidumbre, donde cada momento se convierte en una eternidad llena de miedo y ansiedad.
Temores sobre la vida de Daniel
El principal temor de la familia Granada Ríos es que se atente contra la vida de Daniel. “Lo que nos atemoriza realmente es que le quiten la vida a él. Estamos viviendo una realidad muy fuerte y es que cualquier cosa puede suceder. Nosotros lo que deseamos de todo corazón es que le respeten la vida, que no lo maltraten. Él es inocente de todo lo que está sucediendo; él es un policía y él recibe órdenes”, señaló Abraham, enfatizando la inocencia de su hermano en medio de este conflicto.
Llamado a las autoridades
Ante esta difícil situación, la familia hace un llamado urgente al gobierno nacional y a las autoridades competentes para que se intensifiquen los diálogos con el ELN. La esperanza de la familia radica en que se realicen gestiones que permitan la pronta liberación de Daniel y de todos los policías que se encuentran en una situación similar. La vida de un joven inocente está en juego, y su familia clama por la acción decisiva de las autoridades.
La situación de Daniel Granada no es un caso aislado; representa la realidad de muchas familias que viven en la angustia del secuestro y la violencia en Colombia. La necesidad de una respuesta efectiva y rápida se vuelve apremiante, no solo para su familia, sino para todos aquellos que sufren por la violencia y el conflicto armado en el país.

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