Denuncian que grupos delincuenciales continúan instrumentalizando menores en el Valle de Aburrá
La Secretaría de Paz y Derechos Humanos reporta un preocupante aumento en el reclutamiento de menores por parte de grupos armados en Medellín, con cifras que reflejan una alarmante tendencia en los últimos años.
En Medellín, el fenómeno del reclutamiento de menores por parte de grupos delincuenciales ha cobrado una alarmante relevancia en los últimos años. Según datos proporcionados por la Secretaría de Paz y Derechos Humanos, en 2024 se registraron 30 casos de reclutamiento de menores. Esta cifra disminuyó a 14 en 2025, pero en 2026 ya se reportan cuatro casos, lo que indica que la problemática persiste y se transforma con el tiempo.
La vulnerabilidad de los menores
El presidente del Instituto Popular de Capacitación (IPC), Carlos Zapata, comentó sobre la situación que enfrentan los adolescentes y preadolescentes en Medellín. “Es un ciclo que se da en una etapa de transición como es la adolescencia, lamentablemente también en la preadolescencia tenemos chicos que son vulnerables”, aseguró Zapata. Esta vulnerabilidad se ve exacerbada por las condiciones socioeconómicas y la falta de oportunidades, lo que hace que muchos jóvenes caigan en las redes de grupos armados.
Un ciclo de violencia
Desde el IPC, se advierte que el reclutamiento de menores no solo es un problema aislado, sino que actúa como el combustible que alimenta las estructuras armadas ilegales. Quienes hoy lideran estas bandas, a menudo, también fueron reclutados en su infancia, perpetuando un ciclo de violencia que se transmite de generación en generación. Esta situación ha sido poco visibilizada en la ciudad, especialmente en el contexto de los procesos de paz urbana que se están llevando a cabo.
Reclutamiento en contextos rurales y urbanos
Zapata también destacó las diferencias en el reclutamiento según el contexto. “Lamentablemente sigue habiendo reclutamiento en contexto rural, es diferente al urbano. En el urbano, básicamente quieren jóvenes que porten un arma y los llaman probones. Utilizan jóvenes que sepan extorsionar y que sepan vender”, explicó. Esta distinción es crucial para entender cómo operan las bandas en diferentes entornos y cómo se dirigen a sus potenciales reclutas.
Subregistro y miedo a denunciar
Uno de los problemas más graves asociados a esta situación es el subregistro de casos, que se debe al miedo que enfrentan las familias para denunciar. La estigmatización y las amenazas por parte de las bandas pueden hacer que las víctimas se sientan desprotegidas y reacias a buscar ayuda. Este silencio perpetúa la impunidad y permite que el ciclo de reclutamiento continúe sin interrupciones.
“Hay que denunciarlo, desde la cárcel ordenaron en unas comunas que allá no podíamos ir nosotros, creo que tenía mucha dificultad la lista del señor Federico, que allá tenían que votar por Hernán Muriel y por el Pacto Histórico y ahora repiten esa orden desde la cárcel para que esas comunas tengan que votar por Iván Cepeda”, expresó Álvaro Uribe Vélez, expresidente de Colombia.
Reacciones ante la reactivación del diálogo de paz
La reactivación de los diálogos con la mesa de paz urbana ha generado diversas reacciones en la sociedad. Algunos apoyan la iniciativa, mientras que otros la critican. Para los defensores de derechos humanos, la principal exigencia a los cabecillas de las estructuras ilegales del Valle de Aburrá es que se comprometan a dejar a los menores fuera de las acciones criminales. Esta demanda es fundamental para garantizar la protección de los jóvenes y evitar que sean utilizados como herramientas en el conflicto.
El papel de la sociedad civil
La sociedad civil juega un papel crucial en la visibilización de esta problemática. Organizaciones como el IPC trabajan para concienciar sobre la importancia de proteger a los menores y fomentar un entorno seguro para su desarrollo. La colaboración entre diferentes sectores es esencial para abordar esta crisis de manera efectiva y generar cambios significativos en la vida de los jóvenes en Medellín.

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