La casa hogar que transforma vidas y forja futbolistas en Medellín
En Medellín, una casa hogar acoge a niñas que sueñan con ser futbolistas profesionales, brindándoles un entorno de apoyo y formación integral.
En el contexto del fútbol colombiano, muchas niñas dejan atrás sus pueblos natales para seguir la pasión por el balompié. Este sacrificio implica una significativa transformación en sus vidas, donde la compañía de sus familias se sustituye por la convivencia en una habitación compartida. Su objetivo es claro: convertirse en futbolistas profesionales. En Medellín, cerca del emblemático parque de Boston, se encuentra una casa de tres pisos que se ha convertido en su nuevo hogar, un lugar donde se cultivan sueños y se forjan futuros.
La historia de este refugio se remonta a hace dos décadas, cuando el fútbol femenino apenas comenzaba a dar sus primeros pasos en el país. Fue entonces cuando Liliana Zapata y Luz Zapata, visionarias del deporte, decidieron que si una jugadora llegaba a su puerta, era fundamental arroparla y brindarle el apoyo necesario. Desde ese momento, la casa hogar se ha convertido en un espacio donde las jóvenes no solo desarrollan sus habilidades futbolísticas, sino que también reciben una educación integral.
La rutina diaria en este hogar es rigurosa y está diseñada para fomentar tanto el rendimiento académico como el deportivo. Aquí, estudiar es una obligación. Las niñas deben entregar sus celulares temprano y mantener sus cuartos organizados. Sin embargo, la disciplina no está reñida con el cariño. Cada mañana, las residentes disfrutan de aguapanela caliente a las 5:00 a.m. y arepas con quesito, junto con tres comidas bien preparadas cada día, gracias al esmero de Margarita, la madre que se encarga de cuidar el futuro del fútbol femenino.
Entre las jóvenes que residen en la casa, se encuentra Sharon, quien a sus 12 años es la más pequeña del grupo, y Danna, la más experimentada, que ha pasado más tiempo en el hogar. Ambas comparten sus experiencias sobre lo difícil que fue adaptarse a esta nueva vida. A pesar de los retos, todas coinciden en que lo más complicado de la transición fue dejar atrás sus hogares y a sus familias.
“Lo más difícil es irse de casa”, expresan con nostalgia, recordando los momentos vividos lejos de sus seres queridos.
Sin embargo, en este espacio, no solo se forman futbolistas. La casa hogar, conocida como Formas Íntimas, tiene como objetivo primordial el desarrollo integral de sus residentes. Aquí, las niñas son educadas para convertirse en mujeres valiosas para la sociedad. Se les enseña la importancia de la disciplina, el trabajo en equipo y el respeto, valores que trascienden el ámbito deportivo y se convierten en pilares fundamentales en sus vidas.
Una formación integral que va más allá del deporte
El enfoque de Formas Íntimas es holístico. Las jóvenes no solo entrenan para mejorar sus habilidades en el campo, sino que también participan en actividades que fomentan su desarrollo personal y social. Se organizan talleres de autoestima, liderazgo y habilidades para la vida, que les permiten fortalecer su carácter y prepararse para enfrentar los desafíos que se les presenten.
A medida que las niñas crecen, se les brinda la oportunidad de involucrarse en proyectos comunitarios, lo que les permite retribuir a la sociedad y comprender la importancia de ser agentes de cambio. Estas experiencias enriquecen su formación y les enseñan que el éxito no solo se mide en goles, sino también en la capacidad de impactar positivamente en la vida de otros.
Un futuro brillante para el fútbol femenino
Las historias que emergen de esta casa hogar son inspiradoras. A medida que las niñas avanzan en su formación, muchas de ellas comienzan a destacar en el ámbito deportivo, siendo reclutadas por clubes profesionales y representando a la región en competencias nacionales e internacionales. Este es un testimonio del arduo trabajo que se realiza en Formas Íntimas, donde cada pequeña victoria es celebrada como un gran logro.
La labor de Liliana y Luz Zapata, así como de todo el equipo que apoya a estas jóvenes, es un ejemplo de compromiso y dedicación. Su visión ha permitido que el fútbol femenino en Colombia tenga un espacio más amplio y que cada vez más niñas se atrevan a soñar en grande. En este hogar, se siembran las semillas de un futuro en el que el fútbol femenino no solo sea reconocido, sino también valorado y apoyado por la sociedad.

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